​Educar para la honestidad.

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Desde la restauración de la república, se afloran en esta sociedad, elementos de oportunismos y deseos de poder. Aun sea sin tener el mérito para alcanzar éxitos profesionales y políticos. Es muy triste la historia vivida por los dominicanos y América Latina, llevándole a vivir dictaduras crueles. Los pueblos han sufrido sangrientas guerras y las limitaciones y crueldades de un régimen arbitrario. Como consecuencia de esto, costo mucho sacrificio y sangre a la humanidad para construir un mundo democrático.


El régimen democrático, admite algunos elementos no muy deseables. Mal manejo y fraudes, que están en todas partes, no solo en el Estado, también está en instituciones privadas y hasta en la familia. Este tema no es nuevo, viene desde la acumulación originaria del capital.


La libertad en la bancada comercial y la construcción de capitales, envuelve unas series de actividades, que permite todo tipo de actos ilícitos. Estas actividades comerciales, fomentan la avaricia, mientras más se tiene, más se quiere. Esto trae como consecuencia, la perdida de todo tipo de escrúpulos.


El problema de la deshonestidad en una sociedad, no es solo de un gobierno, es de una sociedad. Cuando hay un conglomerado social permeado por la violencia y la deshonestidad, el problema es tan complejo, que no es posible planificar una solución. El procedimiento es un cambio, una transformación y esto implica una revolución. En tal circunstancia corresponde a todos los componentes del grupo, contribuir a cambiar el rumbo de las cosas, si se quiere un mundo mejor.


La familia es la base fundamental, para formar el ciudadano, en los valores de la sociedad. El hogar formado por padre, madre e hijo, constituye la plataforma ideal, para construir una sociedad sana. Cambiar el orden de las cosas, es el reto, que ahora impone el deterioro sufrido por la sociedad del mundo de hoy. El desarrollo de un conglomerado social, ocurre de forma natural, según las circunstancias favorables o desfavorables, que le suministra el entorno.


El hogar inculca principios que favorecen la armonía, con el cultivo del amor, la paz y la buena formación cultural. La escuela es un lugar donde todos los ciudadanos tienen acceso en casi todo el mundo. El acceso a la educación debe ser de carácter obligatorio, no de literatura, es de hecho.


En este aspecto si juega un papel importante el Estado, imponiendo que sea castigado el crimen de impedirles a un niño la educación. En función de esto la familia, debe poseer por lo menos las cosas mínimas, para satisfacer las necesidades básicas.


Una forma de aquietar aquellas conductas indeseable en las formación de los adolescentes y jóvenes, es conduciéndole, por caminos del bien y el temor al castigo de la naturaleza. La familia debe permitir la sanción. Cuando brote el instinto animal en sus hijos, de querer estar por encima de las circunstancias y las leyes vigentes en un país. El problema del descarrío aflora en cualquier parte. Es obligación de todo cabeza de familia, inculcar los buenos valores en sus hijos.


La autora es docente de la UASD.





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