La prensa ha de seguir su trabajo.

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En el contexto actual la prensa se constituye la única herramienta que cuentan los pueblos para sus reivindicaciones más prioritarias. En los tiempos de profesor don Juan Bosch, siempre se dijo hablaba del amarillismo, es decir, que el poder del Estado arropa la prensa nacional. Hoy por más que se quiera no se podrá comprar toda la prensa, debido al crecimiento exorbitante que tiene en estos tiempos de la información y la comunicación y las noticias no pueden ocultarse, por el crecimiento de las relaciones sociales, por las redes sociales. Estamos en el tiempo de que todos los usuarios de las redes sociales son periodistas, pues las noticas que ocurren aun en los lugares más lejanos salen a la luz.


El periodismo está en la obligación de investigar la información y convertirla en conocimiento, en ciencia por la veracidad de la pesquisa, en función de esto la prensa no podrá ser cien por ciento parcial, de algún modo constituye la prensa una estrategia política, social y económica, con la que cuentan los pueblos para defender sus derechos. En el pasado los partidos políticos ejercían funciones análogas, cuyas ideologías le acercaban simpatizantes, por la forma en que ejercían la política. Ahora son maquinarias electorales, donde las personas solo van detrás de los puestos que lo han conducido a esa organización política.


Se evidencia claramente que ya no existen partido que representen los intereses de los pueblos, en tal circunstancia el acercamiento a los partidos es en el que garantice el puesto de su sueño: diputado, síndico, regidor, gobernador, directores departamentales, regionales de distritos de las diferentes instituciones que forman el Estado dominicano.


Más bien los estados podrán comprar la prensa, debido al poder que tienen de mantener contacto con las masas pueden influir en subir o bajar popularidad a un candidato, pero en lo relativo a ocultar la verdad ya no podrá, lo poco que se pueda ocultar, tarde o temprano sale a la luz, en función de eso, la prensa no puede abandonar su función social, política y económica en el desarrollo de procesos de esfuerzos, transparentes, que permitan la institucionalidad y el orden, teniendo la oportunidad de poner un grano de arena a la decencia y a una convivencia sana.


Aunque quieran convertir algunos hechos en delincuenciales, no se puede ocultar la actuación de grupos de poder por callar voces, han sorprendido a aquellos antiguos revolucionarios que aseguran que estos hechos no se iban a repetir, hoy llenan de temor a ese segmento de la población que si le interesa el país y su destino, que sirven sin esperar recompensas. No se puede taponar las voces críticas de la sociedad que contribuyen a corregir las cosas erróneas y a enaltecer las buenas obras.

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