Brasil disminuye los contagios de COVID-19 y la popularidad de Bolsonaro aumenta

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DIARIO EL MATERO, RÍO DE JANEIRO — El presidente Jair Bolsonaro parecía estar una misión política suicida durante las primeras semanas de la crisis del coronavirus en Brasil.


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Cuando la cifra diaria de fallecimientos convirtió a Brasil en uno de los epicentros de la pandemia, Bolsonaro desestimó abiertamente los decesos como algo inevitable y arremetió en contra del distanciamiento social. Un juez le ordenó al presidente que utilizara un cubrebocas, una medida que Bolsonaro se mostró reacio a cumplir, alegando que su “formación atlética” le garantizaría una pronta recuperación.



Con la economía en picada, el mandatario de extrema derecha empezó a librar batallas contra el Congreso, gobernadores poderosos e incluso algunos de sus ministros más populares.


Su actitud arrogante generó rumores de juicios políticos de destitución, un colapso institucional e incluso un futuro enjuiciamiento en La Haya.


Ahora que la cantidad de casos y la cifra de muertos son mucho menores en Brasil, en comparación con el punto máximo que alcanzó en julio, la popularidad de Bolsonaro está empezando a repuntar. Sin embargo, la mejora de la pandemia se debió en gran parte a que los brasileños no siguieron su ejemplo.


El fortalecimiento de Bolsonaro entre el electorado contrasta con la situación de otros líderes en la región que acataron el consenso científico sobre las cuarentenas, el distanciamiento social y los cubrebocas, y han visto un declive en su popularidad.


Bolsonaro, sintiéndose envalentonado, criticó a la prensa la semana pasada por seguir centrándose en la pandemia, que ha matado a más de 163.000 personas en Brasil.


“Lamento las muertes, pero ya hay que acabar con esto”, dijo un exasperado Bolsonaro durante un evento celebrado en el palacio presidencial el 10 de noviembre. “Tenemos que dejar de ser un país de maricas”.


Lejos de enfrentar un juicio político, Bolsonaro —quien siempre ha sido una figura profundamente polémica en Brasil— tiene en la actualidad los índices de aprobación más altos desde que asumió la presidencia en enero de 2019. Si bien cerca de un tercio del electorado de Brasil se puso de su lado en mayo, esa cifra aumentó al 40 por ciento en septiembre.

Image Un corredor en el Parque Ibirapuera de São Paulo en el primer día de su reapertura en julio. Brasil ha flexibilizado algunas de las restricciones que impuso por el coronavirus.


Un corredor en el Parque Ibirapuera de São Paulo en el primer día de su reapertura en julio. Brasil ha flexibilizado algunas de las restricciones que impuso por el coronavirus.Credit...Victor Moriyama para The New York Times


En comparación, en la vecina Argentina el presidente Alberto Fernández —quien impuso una de las cuarentenas más estrictas del mundo— vio cómo su índice de aprobación pasó del 57, en marzo, al 37 por ciento que se registró el mes pasado. El presidente Sebastián Piñera de Chile e Iván Duque de Colombia también han tenido caídas en sus índices de aprobación tras pequeños impulsos de apoyo al inicio de la pandemia.


La creciente fortuna política de Bolsonaro se produjo mientras los brasileños se adherían a los lineamientos del uso de cubrebocas y a las medidas de cuarentena —a pesar de la abierta hostilidad del mandatario hacia esas recomendaciones— que redujeron la gravedad del virus. El clima más cálido, que permitió a las personas pasar menos tiempo en espacios cerrados, redujo aún más los contagios.


Los efectos de los cierres de negocios y las cuarentenas fueron amortiguados por un generoso programa de asistencia monetaria aprobado por el Congreso. Bolsonaro también se ha atribuido el mérito de ese resultado, a pesar de que en un principio estuvo a favor de que las donaciones fueran mucho menores.


Jairo Nicolau, un politólogo que publicó hace poco un libro sobre el giro político de Brasil hacia la derecha, afirmó que Bolsonaro parecía estar irremediablemente aislado cuando el virus comenzó a propagarse por el país en marzo.


Pero sus instintos y tácticas políticas a menudo han sido subestimados, alegó Nicolau. Y al igual que el presidente Donald Trump, dijo, Bolsonaro ha logrado eludir a los principales medios de comunicación para comunicarse con su base de partidarios.


“Bolsonaro tiene un electorado muy leal, bastante similar al de Trump, y ha forjado un fuerte vínculo emocional con ellos”, afirmó. “No creo que Bolsonaro sea un gran estratega, pero ha demostrado tener un tipo de inteligencia, una capacidad para capturar el estado de ánimo de las personas en un momento dado y usarlo a su favor. No es tonto”.


Mientras Bolsonaro sostenía que las cuarentenas harían más daño que bien, promovía una píldora contra la malaria como una cura milagrosa para el coronavirus y corría por la capital sin usar mascarillas, y los legisladores en el Congreso debatían el tamaño de un paquete de asistencia de emergencia.


La administración de Bolsonaro inicialmente adoptó la posición de que el gobierno no debería proporcionar más de 37 dólares mensuales en pagos en efectivo. Los legisladores de todo el espectro político calificaron esa suma como insuficiente para los brasileños que estaban lidiando con cierres comerciales, en medio de las medidas de cuarentena impuestas por los gobernadores.



Unos comensales cenaban en casetas de protección en Río de Janeiro, el mes pasado. Las empresas de todo el país se enfrentaron a cierres en medio de las medidas de cuarentena.


Unos comensales cenaban en casetas de protección en Río de Janeiro, el mes pasado. Las empresas de todo el país se enfrentaron a cierres en medio de las medidas de cuarentena.Credit...Pilar Olivares/Reuters


Pero cuando el Congreso aprobó un beneficio en efectivo tres veces mayor que la suma que había propuesto Bolsonaro, el presidente lo presentó como un gesto de su gobierno y lo aclamó como “¡el mayor programa de ayuda para los más necesitados a nivel mundial!”.


Djamila Ribeiro, una filósofa política, dijo que Bolsonaro no merecía ser reconocido por el programa de asistencia popular, que condujo a una reducción significativa de la pobreza.


“Sin embargo, la gente piensa que fue obra del presidente, no que fue el resultado de una negociación que se libró en el Congreso”, dijo. “Mucha gente no entiende quién tiene la prerrogativa sobre ese tema”.


El equipo de Bolsonaro no respondió a las preguntas que le fueron enviadas para este artículo. En una entrevista reciente, el vicepresidente Hamilton Mourão dijo que, al inicio de la pandemia, el gobierno podría haber hecho un mejor trabajo al proporcionar lineamientos sobre medidas de prevención. Sin embargo, argumentó que muchas de las críticas sobre el manejo de la pandemia fueron “politizadas” y que algunas de las predicciones más extremas no se cumplieron.


“El sistema de salud pudo lidiar con la situación de manera eficiente”, dijo. “Se temía que las personas terminaran muriendo en los pasillos de los hospitales y en las calles, y eso nunca sucedió”.


El funeral de una víctima del coronavirus en São Paulo. La tasa de mortalidad por coronavirus de Brasil alcanzó su punto máximo a fines de julio, llegando a superar los 1200 decesos diarios.


El funeral de una víctima del coronavirus en São Paulo. La tasa de mortalidad por coronavirus de Brasil alcanzó su punto máximo a fines de julio, llegando a superar los 1200 decesos diarios.Credit...Victor Moriyama para The New York Times

Los expertos dijeron que la sorpresiva fuerza política de Bolsonaro podría ser temporal. En las elecciones municipales celebradas el 15 de noviembre, varios de los candidatos a los que apoyó tuvieron malos resultados. Bolsonaro enfrenta enormes desafíos, como una investigación por corrupción centrada en uno de sus hijos y otros familiares, el inminente fin de los pagos en efectivo que han mantenido a los brasileños a flote mientras la economía se contrae, y la pandemia que sigue matando a cientos de brasileños por día.


Fátima Marinho, epidemióloga de Vital Strategies, una organización mundial de salud pública, dijo que si bien Brasil había evitado hasta el momento una nueva oleada de casos, algunos repuntes en ciertos estados eran motivo de preocupación.

“Todos los modelos apuntan a una reducción”, dijo Marinho. “Pero estamos previendo problemas en ciertos casos, pues comenzamos a ver señales muy concretas” de un resurgimiento.


Manaos, la capital del estado de Amazonas en el norte, se encuentra entre las regiones donde el virus parecía estar bajo control, pero los hospitales están experimentando una nueva afluencia de pacientes.


Marinho dijo que los puntos conflictivos estaban ubicados en las zonas del país donde muchas personas reanudaron sus rutinas normales y comenzaron a organizar bodas y fiestas de cumpleaños.

“El virus comenzó a circular de nuevo y eso provocó nuevas hospitalizaciones”, dijo.


Trabajadores sanitarios que atendían a un paciente de COVID-19 en una unidad de cuidados intensivos en São Paulo, el mes pasado.


Trabajadores sanitarios que atendían a un paciente de COVID-19 en una unidad de cuidados intensivos en São Paulo, el mes pasado.Credit...Nelson Almeida/Agence France-Presse — Getty Images


Ansioso por cambiar de tema, Bolsonaro centró su atención esta semana en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. El mandatario, que apoyó abiertamente a Trump, a quien idolatra, es uno de los pocos líderes de la región que no ha felicitado al presidente electo Joe Biden ni ha reconocido su triunfo.


El presidente brasileño y Biden han intercambiado críticas sobre la política ambiental de Brasil y el futuro de la Amazonía, la cual ha experimentado un aumento de la deforestación bajo el mandato de Bolsonaro. Durante un debate, Biden advirtió que Brasil enfrentaría consecuencias económicas si no frenaba la destrucción de la selva tropical. Su plan de campaña ambiental prometió “nombrar y avergonzar a los bandidos del cambio climático”


Bolsonaro ha mostrado poco interés en lograr un tono más cordial con el nuevo presidente de Estados Unidos. Durante un discurso, dijo que su país le daría una oportunidad a la diplomacia para defenderse de los planes estadounidenses con la Amazonía. Pero si eso fallaba, dijo, Brasil respondería con “pólvora”.


Amy Erica Smith, una politóloga de la Universidad Estatal de Iowa que estudia a Brasil, dijo que a primera vista el ruido de sables de Bolsonaro contra Biden podría parecer ridículo. Pero la sospecha sobre conspiraciones extranjeras para controlar la Amazonía tiene raíces profundas en Brasil, y el llamado a las armas del presidente brasileño puede resonar en muchos de sus compatriotas, dijo.


“Con el tiempo, ha logrado influir en la opinión pública a su favor”, dijo Smith. “Su confrontación con Biden podría funcionar, especialmente si Biden la maneja mal”.


Ernesto Londoño es el jefe de la corresponsalía de Brasil, con sede en Río de Janeiro. Antes fue escritor parte del Comité Editorial y, antes de unirse a The New York Times, era 

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