El comportamiento social normas protocolares y de etiqueta

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EL METERO.-En el marco de las formalidades, las buenas maneras como parte esencial de las etiqueta, se refieren al adecuado comportamiento de las personas en el medio en que les corresponde desenvolverse, especialmente en las actividades formales, sean estas públicas o privadas.



El dominio de las buenas maneras facilita el desempeño de cualquier actividad humana importante, particularmente cuando esta tiene lugar en medios de alto nivel como en los ámbitos profesional y empresarial.


Y, sobre todo, en el ejercicio de la diplomacia, en donde son mayores los requerimientos para la observación cabal de las buenas maneras, debido a que en este escenario parte esencial de los actores (como los denominados agentes diplomáticos) son representantes de los estados, y sus acciones tienen una connotación mayor, puesto que más que a las personas, se les imputan al Estado que estas representan.


A través del tiempo, el diplomático ha desempeñado un rol fundamental en las relaciones entre los diversos estados que componen la comunidad internacional; es por ello que se les exigen cualidades especiales a quienes viajan al exterior con una encomienda oficial de su país.


Por otro lado, como es ampliamente conocido, al mismo tiempo que el diplomático cumple con la misión que le ha sido asignada por su gobierno, participará, de acuerdo a la tradición, en actos de carácter oficial que son regulados por el ceremonial y el protocolo del Estado. También asiste a determinados eventos de carácter conmemorativo de otros países, al tiempo que organiza los del país que representa.


FUNCIONES INHERENTE DE LOS AGENTES EXTRANJEROS


En el medio diplomático las actividades sociales no son tan solo elementos de convivencia y recreación, sino que permiten al agente extranjero avezado hacer uso de ellas para llevar a cabo las denominadas negociaciones oficiosas, indispensables para las gestiones inherentes a su función.


De igual manera, en las actividades oficiales el experimentado diplomático, con su “fino tacto”, podría precisar datos de interés para su gestión, la cual incluye la elaboración de los informes que periódicamente debe remitir a su Cancillería. Si bien es cierto que, como hemos visto, el medio tan exigente en que el diplomático ejerce sus funciones le ha requerido que domine los fundamentos de la etiqueta, su función primordial está relacionada con la ejecución de la política exterior del Estado, para lo cual necesita contar con la preparación y experiencia debidas.


Etiqueta general


CEREMONIAL Y PROTOCOLO


Es importante resaltar que tanto la etiqueta, en general, como el ceremonial y el protocolo, en el “ámbito oficial”, son conocimientos requeridos para la adecuada ejecución de las actividades humanas importantes.


Asimismo, merece recordarse que para la convivencia armoniosa de los seres humanos nada suplirá a las cualidades de la persona: la necesaria sociabilidad, la adecuada vocación de servicio, la corrección en las costumbres, la destreza en la aplicación de las buenas maneras y con ello, la dignidad de aspecto y la fiel observancia del debido respeto y reconocimiento de la dignidad de sus semejantes. Asumiéndose de ese modo apropiadamente el enaltecedor rol de “persona de bien”.


Es oportuno recordar que las buenas maneras, en su particular ámbito, y las normas de la etiqueta social más ampliamente, tienen fundamentos precisos y no pueden estar sujetas a los “caprichos” e interpretaciones distorsionadas, difundidas por desconocedores de estas artes. No sería ocioso recordar la recurrente cita de la frase de Marcelino San Miguel en la que sostiene:


“Los preceptos de la buena educación no tienen el rigor de las normas jurídicas, pero llevan también aparejadas su sanción: el ridículo”.


RESPONSABILIDADES


AL SERVICIO DE LA DIPLOMACIA


El diplomático debe saber cómo entablar una conversación con su contraparte –que puede ser la clave del éxito en cualquier negociación–; vestir de forma adecuada para cada circunstancia y ocasión –de conformidad con las normas establecidas para el acto en cuestión, o bien en cumplimiento de lo indicado en la invitación respectiva–; los hábitos de mesa que rigen el comportamiento de los anfitriones y de los invitados en un almuerzo o cena formal; la temperatura a la que deben servirse los vinos y las reglas de cortesía que regulan el saludo, entre otras particularidades de la etiqueta.


LAS BUENAS MANERAS


DEBEN PREVALECER


En la vida diplomática el manejo adecuado de las buenas maneras permite al representante extranjero mantener, en todo momento, la mesura y prudencia necesarias para suavizar las asperezas que en determinado momento pudieran surgir, lo cual no va reñido con la firme defensa de los intereses que representa, pero sí lo está con la afectación y con otros comportamientos claramente inadecuados.


De igual forma, lo está con las inconductas y otras particularidades propias del comportamiento de quienes han adquirido, penosamente, dependencia del alcohol. Básicamente se requiere la cabal observación de un comportamiento digno y respetuoso.


FUNDAMENTOS PRECISOS


EN LAS BUENAS NORMAS


El embajador o embajadora, y su cónyuge pueden despedir a uno de los miembros del Cuerpo Diplomático mediante una recepción, almuerzo o cena formal ofrecida por ellos. Su constante participación en estas actividades, en las cuales muchos factores son regulados por la etiqueta –con los aportes de las buenas maneras–, los relaciona indiscutiblemente con este arte y esto explica que, en sentido general, el diplomático en propiedad sea considerado como un gran conocedor de ellas, en adición a sus reales responsabilidades como profesional al servicio de los intereses del Estado que representa.

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